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viernes, 3 de mayo de 2013

LA CUEVA DE FUEGO

LA CUEVA DE FUEGO


2º DE LA ESO

Era por la noche, y como todos los días del mes de diciembre hacia frio. Sacaba a la perra cuando de repente, vi que los árboles se movían de manera muy rara, pero ese día no hacia viento, cosa muy rara en ese mes, entonces me iba a ir a casa cuando oí un fuerte estruendo, mire para atrás y vi que todos los árboles del parque empezaban a salir de sus agujeros. Pensé que era mi imaginación la que me estaba jugando una mala pasada, pero toque la tierra más próxima a los árboles y estaba ardiendo, entonces se me ocurrió la feliz idea de meter la cabeza en uno de los hoyos, cuando la metí vi unas enormes cuevas que parecían prehistóricas. Menudo susto me di al descubrir que debajo de nuestros pies había unas cuevas tan antiguas y que me acababa de dar cuenta. Saque la cabeza de golpe y mire para atrás buscando a la perra, pero la perra no estaba en ningún lado.
Entonces lo único que se me ocurrió fue pensar que se había metido en uno de esos hoyos o que había huido a casa al ver que los árboles del parque estaban sacando las raíces de la tierra en la que habían estado plantados desde que solo eran una semillita.


Pensé que lo más normal era que se hubiera metido en una de esas cuevas. Mi pensamiento me llevo a hacer una cosa que jamás hubiera hecho de no ser por la perra, me metí en el hoyo y empecé a buscarla.
Nada más entrar en la cueva divisé unos enormes ojos que me atravesaban con su potente mirada. La verdad es que me asuste un poco, y como no podía saber de qué animal procedían porque no tenía linterna, se me ocurrió la idea de utilizar el móvil. Total que me acerque a esos, grandes y potentes ojos, y los alumbré con el móvil. Entonces comprobé que pertenecían a un enorme camaleón prehistórico, que era de color gris azulado porque se encontraba en una sala que estaba hecha de estalactitas y estalagmitas que según he estudiado en naturales, son grandes rocas que han necesitado miles de años y están formadas por la acción de las aguas que después de filtrarse se depositan al evaporarse el carbono de cal que las impregna. Como vi que era manso y que él estaba tan mosqueado conmigo como yo con él, le deje tranquilo no fuera a ser que el bicharraco tuviese una vena criminal oculta.

Total que seguí caminando aunque muy a gusto me hubiese dado media vuelta, pero mi amor por la perra era superior a mi miedo y a cualquier cosa, así que continué caminando. De repente oí como voces de ultratumba, acompañadas de cantos lúgubres y a lo lejos los chillidos de mi perra. Corrí hacia los chillidos y los cantos y a cada paso que daba, la melodía se volvía como veneno para mis oídos, me hipnotizaban y atrayéndome hacia ella.
Cuando llegué, vi una especie de cortina de agua que cuando acercabas la mano se convertía en hielo. Me di cuenta, al acercar la oreja, que los cantos procedían de la cortina y eran tan agudos que te hacían daño al oído. Como la canción que esas extrañas cortinas cantaban era una canción triste, a mí se me ocurrió que la forma más bonita de combatir un canto es con otro y quien sepa otra manera que me lo diga.

Como yo sé cantar muchas canciones, decidí cantar una de las más alegres y rítmicas de todas las que me sabía. Tapándome los oídos con las manos, me puse a cantar a voz en grito. Fue una brillante idea porque la acción de mi canto hizo que la cortina se rompiera y yo pudiera pasar, y así seguir con mi camino. Cuando la traspasé me encontré a la perra, de la alegría de verla me entraron ganas de matarla. La muy mameluca no lloraba de tristeza ni dolor sino de satisfacción, porque se había encontrado con un esqueleto y tenía en la boca un hueso más grande que ella y por eso gemía de puro placer. Dicen que los perros son muy listos y esta era más listilla que ninguna, pues, cada vez que me acercaba a ella para intentar quitarla el hueso, salía corriendo moviendo el rabo a toda pastilla.
En una de estas se alejo más de  lo debido y yo fui detrás de ella, el animalito apenas podía con el peso del hueso, lo que hacía que perdiera el equilibrio y cayera, momento que yo aprovechaba para intentar atraparla, pero ella era más rápida que yo, pegaba la dentellada y otra vez a jugar al “pilla-pilla”.







Así estuvimos un buen rato, hasta que en uno de los intentos, perdió de vista el terreno y se cayó en un pozo, pero como el hueso era más grande que ella se quedo enganchada en él facilitándome a mí el sacarla tirando de este.
Ya la tenía casi izada cuando, empezó a gruñir, lo que hizo que me diera media vuelta para ver a que estaba gruñendo. Menos mal que ni ella ni yo soltamos el hueso, si no se hubiera escalabrado contra el fondo del pozo, porque lo que estábamos viendo era algo que jamás en la vida queríamos haber visto. Un esqueleto se dirigía hacia nosotras con intenciones de matar a alguien. Rápidamente saque a la perra y quise salir corriendo cuando, de repente, me di cuenta de que al esqueleto que había visto antes le faltaba algo, venia cojeando muchísimo, me quede observando y me di cuenta que le faltaba el hueso de la tibia, que mi astuta perra se estaba comiendo y por lo que nos habíamos metido en este lió. Intente arrancarle el hueso de la boca, pero no estaba dispuesta a soltarlo por las buenas, a más fuerza que oponía yo, más fuerza que oponía ella y cuando me quise dar cuenta ya tenía al esqueleto a mi ladito.

Pensé que nos iba a tirar al fondo del pozo de un huesazo, pero hizo algo que me sorprendió, le quito el hueso a la perra sin ningún tipo de problemas y dijo: “QUE PERRA MAS JUGUETONA”. Me quede flipando y pensé que ya era hora de irme a casa. Hoy me habían pasado tantas cosas para escribir en mi diario, que bien podría escribir un libro.
Cuando quise regresar me di cuenta de que era demasiado tarde, esa cueva era un laberinto, mire a mí alrededor y vi tres caminos. Hasta donde alcanzaba mi vista pude comprobar que uno de ellos era más ancho y largo que los demás, así que me decidí meter por él y caí en una trampilla en la que me encontré con una amiga mía llamada Ana y con su perro Durry, le pregunte que hacía ahí y ella me contesto que estaba paseando a su perro cuando, de repente, todos los árboles del campo empezaron a salir de sus agujeros y que se iba para casa muerta de miedo, cuando se dio cuenta de que le faltaba el perro y como yo entró a buscarlo. De repente mire para abajo y me di cuenta de que mis pies se estaban convirtiendo en roca por efecto del calor, se lo dije a Ana y nos percatamos de que estábamos en el interior de un volcán.


 No queríamos convertirnos en roca y después en lava, y mucho menos acabar asadas a la parrilla, así que teníamos que parar ese volcán como fuese. Empezamos a darle vueltas a la cabeza y recordé que las cortinas que cantaban, sino me equivocaba, procedían de un rio que las formaba. Después de mucho pensar tomamos la decisión de que, como los cantos habían vuelto a resurgir, pero esta vez sin bloquearnos la entrada, volvimos al otro espacio de la cueva y rebuscamos cosas que nos fueran útiles para hacer una balsa.



Encontramos una cabeza de mamut, unos cuernos y el esqueleto con eso y unas cuantas cuerdas nos hicimos una balsa y utilizamos los cuernos para remar.

Comentamos lo feo que eran los cantos y en esto que empiezan a salir seres con apariencia humana, muy enfadados y empezaron a perseguirnos porque estaban muy molestos. Intentamos alejarnos de ellos remando pero fueron muy rápidos y se subieron también, eran pobres personas que habían caído como nosotras allí hacía muchos años, pero con el tiempo se fueron convirtiendo en agua y luego en hielo. Nos daban tantísima lástima que les dejamos subir, aunque a los perros no les hiciese mucha gracia, pero al menos nos daban fresquito en medio de todo ese calor volcánico.
Remamos hasta el cráter del volcán y una vez allí, no sabíamos que hacer, entonces los seres de hielo y agua empezaron a cantar y a tirarse por la borda, apagando el volcán. Nos dio mucha pena, pues se habían sacrificado para salvarnos y que no nos pasase lo que a ellos. Bueno, había llegado el momento de volver, pero ¿por dónde? La cueva era un laberinto, entonces mi perra empezó a olisquear algo, como si siguiese una pista, iba con la nariz contra el suelo y el rabo tieso, andando y

Nosotras la seguíamos atentamente, el otro perro se limitaba a seguirla olisqueándola.
Volvimos donde habían estado los seres que cantaban y allí estaba el camaleón esperándonos. Empezó a hablar en nuestra lengua y pensábamos que ya nos habíamos vuelto majaretas. Con su voz estropajosa a causa de su larga lengua nos dijo que habíamos sido las primeras en superar todas las pruebas y que le pidiéramos lo que quisiéramos y nosotras le dijimos que volvieran a ser seres humanos los seres que se habían tirado al volcán. Entonces empezaron a salir personas de entre las estalactitas, todos felices. Luego se dirigió a los perros y les hablo en su idioma, es decir, a ladrido limpio, entonces sacó al esqueleto y le arranco la tibia y el peroné, devolviéndole la tibia a un perra y dándole el peroné a otro.





Salimos de allí guiadas por nuestro amigo el camaleón, nos despedimos de él y quedamos en volver otro día a visitarle. Volvimos a los jardines, nos pusimos a andar camino de casa y cuando nos dimos la vuelta vimos que los árboles seguían como siempre, bien plantados. Ya no había, ni hoyos, ni cuevas, ni nada, asi que acordamos no decir nada a nuestras familias, ni a los amigos pues iban a pensar que estábamos locas. Pero cuando alguien pasea a su perro de noche, siempre le aconsejamos que no se acerque a los árboles, porque puede que pase a ser la siguiente generación de cantantes helados.

FIN



UNA NOCHE EN ALTA MAR


Una noche en alta mar
Es perder la dignidad
Pero tus ojos azules
Tienen cierta gravedad.
Que me hipnotiza dormida
Sin dejarme reaccionar
Pero si lo pienso bien
No me quiero despertar.

Ya que si estoy dormida
Floto en la inmensidad
Somos dos polos opuestos
Como la guerra y la paz
Una pieza de mi puzle
Una gota de la mar
Un tic tac es un segundo
Y tu amor mi libertad

Es la guerra de dos mundos
Que nos quieren separar
Pero el cariño es más grande
Que la propia libertad

Hurgando tus pensamientos
Mirando la realidad
No te despiertes mi niña
No te quieras despertar
Que me gusta verte en calma
Para ver mi otra mitad

A 2000 pasos del suelo
Flotando en la inmensidad
Soñando que estoy dormida
Puedo la luna tocar
Pero con el beso todo
Volvió a la normalidad.