LUMINISCENCIAS
“mis manos enterradas en la Tierra se fundían con las de
ellas, y vapores luminiscentes trepaban por mi por mis brazos camino de mi
cerebro”
Todavía recuerdo con horror, la noche
en que experimente mi mayor miedo.
Todo comenzó una noche en la que un
apagón general hizo que encendiera unas velas. Una corriente de aire intentaba
apagarlas, cuando fui a cerrar la ventana vi un reflejo en el espejo del salón.
Al principio pensé que mi imaginación
me estaba jugando una mala pasada, pero cuando volví de cerrar la ventana, lo
que vi fue algo que me dejo paralizada. Había una imagen, era una mujer con el
pelo encrespado y pelirrojo, vestida con una túnica negra y rota.
Su cara denotaba todo lo malo que
podía padecer.
Yo estaba acojonada, como la vi llorar
amargamente, hice de tripas corazón y la pregunte que la pasaba.
Ella me
hablo, pero no con palabras, sino escribiendo en el cristal que empañaba con su
aliento helado.
Así es como
empezó a contar la historia.
Lo primero
fue responder a mi pregunta de porque se me apareció.
Dijo que lo
descubriría cuando terminara de contar la historia, cosa que me intrigo y me
dijo mentalmente trastornada como flotando en un espeso y frio mar de alas,
atrapando mis pensamientos.
De esta guisa me convertí en un zombie, solo
escuchaba sin capacidad de reacción.
Hace mucho tiempo, siendo yo muy pequeñita me
contaron una historia que parece ser que pasa de generación en generación.
Mi madre de pequeña solía jugar en el
cementerio con sus amigas al escondite, hasta que un día, las pillo en
enterrador y las dijo que tuvieran cuidado por donde pisaban porque podían
despertar a las ánimas, y estas vengarse. Así que ellas contestaron:
-JAJAJAJ, patrañas y tú te crees esas
tonterías, pues menudo enterrador de pacotilla que estas hecho.
--niñas no seáis ingenuas, quien me lo ha contado, fue mi abuelo,
también enterrador, que lo vivió.
-bueno, pues tendremos cuidado.
Así que cuando el enterrador se alejo mi
madre y sus amigas asustadas, se pusieron a jugar a “Ouija”
Invocaron a los espíritus y estos llenaron el
vaso hasta hacerlo estallar.
Mientras jugaban y reían brillos extraños las
rodeaban.
Mi madre se puso a tocarlos con las manos,
que empezaban a fundirse con las otras manos brillantes que intentaban salir de
la tierra.
A medida que la luz invadía sus cuerpos,
pasaban a ser parte de las infinitas ánimas que moraban en el cementerio. Dando
sus pensamientos a estas que era el alimento que les mantenía muertos.
Por eso, mi madre paso a ser una de ellas.
Más tarde mi madre me conto la historia y fui la siguiente víctima.
La imagen, de la mujer del espejo, me miro
fijamente y me dijo:
-“Ahora eres tu quien debes darnos tus
pensamientos, para que podamos seguir viviendo”
En ese momento un golpe de aire abrió la
venta y rompió el cristal, por suerte también el encantamiento.
Liberando mi mente y dándome cuenta, que
había estado muy cerca de haber sido la siguiente víctima de la llamada: “la
leyenda de las generaciones”
Por eso entendí, la respuesta de la mujer
reflejada, cuando me dijo que descubriría la verdad al final de la historia,
¡¡yo sería la siguiente!!
Ella estaba amargada puesto que en el fondo
todavía conservaba algo de vida, y la dolía tener que convertirme en ánima.
SI TE CUENTAN ESTA HISTORIA” acéptala y no la
intentes negar y mucho menos invocar espíritus”
Es más si vas al cementerio debajo del viejo
Roble veras el tablero de “Ouija” y los trozos del vaso roto, clavados en el
tronco del árbol.
Si prestas atención veras que el viento
susurra” la leyenda de las generaciones” en el cementerio.
¡¡AHORA TE TOCA A TI YA QUE YO TE LA HE
CONTADO!!!
¡¡¡SERAS EL SIGUIENTE SI NO ME HACES CASO!!!
¡¡¡NO INTENTES ESCAPAR, ES INUTIL!!!
¡¡¡Y HAZME CASO TEN CUIDADO EN EL CEMENTERIO!!!